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Gift pile on a floor

¿Se ha perdido el festejo de la Navidad en el mundo?

¿Son los festejos de Navidad en el mundo cada vez menos frecuentes o es una cuestión nacional? El objetivo de este breve artículo es conocer la evolución y el desempeño de la rama de producción nacional de artículos de navidad. Asimismo, nos plantemos entender los motivos por los cuales observamos que la Navidad no se festeja con el mismo entusiasmo que unas décadas atrás, cuando se reunía toda la familia en las largas mesas navideñas alrededor del arbolito.

En Argentina, la industria argentina navideña, hasta fines de los años setentas, se especializaba en la producción de árboles de baja gama fabricados con PVC o en su defecto, con polietileno o madera. La oferta era complementaba con árboles de media y alta gama que se importaban desde Europa, principalmente desde Italia y Alemania.

A partir de la década del ochenta, la industria argentina comenzó a incorporar maquinarias europeas con alta tecnología, integrando todo el proceso de fabricación, decoración y un riguroso control de calidad. En ese sentido, la industria nacional comenzó a ofrecer árboles más frondosos como el pino canadiense y logró satisfacer las diferentes demandas del mercado nacional e internacional con productos modernos, cuidadosamente terminados.

El mayor nivel de ventas de la industria nacional se registró a principios de los noventas, cuando además de vender localmente, comenzó a exportar a diferentes mercados sumamente exigentes como España (ventas al Corte Inglés), México (Walmart), Brasil (Carrefour y otras cadenas), Bélgica, Libano, Grecia, Colombia y Venezuela, entre otros países de la región. En el año 1998 comenzó a bajar el nivel de actividad debido al agotamiento del ciclo económico asociado al plan de convertibilidad y posterior crisis de 2001. No obstante, a la salida del “uno a uno”, con el nuevo marco de precios relativos, el sector continuó exportando y llegó a exponer sus productos en las principales ferias del mundo como las de Frankfurt y Nuremberg, en Alemania.

Con el avance de la competencia china, el retraso cambiario y tras el estallido de la crisis económica financiera mundial en 2008, las exportaciones argentinas fueron perdiendo participación en el mercado externo. A modo de ejemplo, en 2005 se exportaban productos navideños a 16 destinos por más de 1 millón de dólares mientras que en 2010, los envíos se redujeron a 7 países totalizando 223 mil dólares y en 2016, se exportó principalmente a Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay por 133 mil dólares.

Asimismo, la forma de distribución y comercialización fue cambiado en las últimas décadas en todo el mundo, pasando de ser comercializados en los tradicionales puntos de venta como jugueterías a los negocios con una amplia oferta de productos importados como los polirrubros y supermercados.

Entre los desafíos que enfrenta la industria argentina en particular, se encuentra la  competencia desleal de importadores que ejercen malas prácticas comerciales como (1) la subfacturación en las declaraciones de los despachos y (2) el flagelo del contrabando.

Pero uno de los principales determinantes del declive de la industria navideña, no solo en el país sino además a escala global, es la pérdida de interés por parte de las familias en reunirse a festejar las fiestas de fin de año. La tradición navideña está asociada a la unión de la familia, el júbilo y el encuentro con los más cercanos. No obstante, en las últimas décadas, los conflictos familiares, la falta de tiempo, el stress y otros sentimientos negativos contribuyeron a que se pierda la fuerza en festejar como antes.

Además, hoy podemos observar nuevos formatos de familia muy diferentes a las tradicionales grandes mesas numerosas con tíos, nietos, sobrinos, abuelos, padres e hijos que se reunían alrededor del arbolito de Navidad. En los últimos años encontramos mayor cantidad de padres separados no solo con hijos pequeños sino también con hijos adultos que, a su vez, tienen parejas cuyos padres también están separados y formaron nuevos grupos familiares.

Pero todos estos factores, no deberían complicarnos si planificamos y nos enfocamos en la importancia de la Navidad para los niños, ya que ésta fomenta la capacidad de socialización y el sentimiento de solidaridad al compartir con los seres queridos. Psicólogos afirman que el armado del arbolito genera en los más pequeños, esta capacidad de socialización a través de interactuar y divertirse junto a su familia.

Por eso, en estas vísperas navideñas, los invitamos a volver a armar el arbolito, volver a la tradición de comprar todos los años un nuevo adorno, y volver a que cada 7 años se regale un arbolito a alguien que no tenga. Y en definitiva, recuperar estos momentos de reflexión y unión familiar, únicos e irrepetibles, fomentando los valores más importantes como la solidaridad, la seguridad y la unión en los niños y niñas.

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