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La magia y rituales de la Navidad

Bruno Bettelheim nos dice en “No hay padres perfectos” que “en la infancia estas y otras festividades (Navidad, Pascua, cumpleaños, etc.), marcan el paso del tiempo, ritualizan la vida, dan un sentido positivo al paso de los días”. Y lo mismo nos ocurre a los adultos.

Son pocos los días del año en que los chicos son el centro. Navidad y los Reyes Magos son algunos: ellos necesitan ilusiones para tolerar la realidad, que suele ser tan poco mágica. De hecho, los más chiquitos se mueven dentro del “realismo mágico” y les resulta absolutamente factible que Papá Noel les lleve lo que pidieron en su carta, fabrique los regalos y vaya a las casa de todos los niños del mundo, en veinticuatro horas.

  • Calendario con ventanitas para abrir todos los días, hasta el 24.
  • Corona con 4 velas, para encender una por semana y rezar.
  • Armar el arbolito y el pesebre el 8 de diciembre.
  • Ensayar y representar un pesebre viviente.
  • Practicar villancicos para el 24 a la noche.
  • Contar un cuento navideño por día (cuentos que se guardan hasta la próxima navidad).
  • Escribir la carta a Papá Noel con los encargos.
  • Armar juguetes para ayudar a papá Noel.
  • Hacer tarjetas navideñas caseras y hornear masitas, para regalar.
  • Encender el arbolito todas las noches.
  • Armar canastas navideñas para los necesitados.
  • Inventar (o sostener y enriquecer) un ritual familiar para el 24 a la noche , el 25 y el 6 de enero, con la llegada de los Reyes Magos.
  • Culminando con las celebraciones eclesiásticas y el encuentro de “familia grande” en esas fechas.

Gracias a estos rituales, recordaremos la magia de esos días toda nuestra vida y la repetiremos con hijos y nietos. Somos los “herederos” de una tradición muy antigua, que representamos para los más chiquitos y ellos, a medida que crecen y lo descubren, colaboran en el mantenimiento de esa magia navideña para sus hermanitos menores.

¡Qué bueno sería que no nos plegáramos a la sociedad de consumo y que los regalos no fueran el único eje de la celebración! Pero cómo nos cuesta… porque padres, tíos, padrinos y abuelos queremos el reconocimiento de los chicos (¡ay, nuestro narcisismo!). Cuando todos sabemos que lo realmente importante es conservar y reforzar la fiesta familiar/religiosa, incluso colaborar, y pedir la colaboración de nuestros hijos, para que todos los chicos del mundo tengan una Navidad mágica.

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