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De juguete a objeto de culto

El coleccionismo es una actividad en la que alguien colecta, agrupa y organiza determinado tipo de objetos. Esto puede ser muy variado, pero algunas categorías crearon un mercado propio de compra, venta e intercambio. Los juegos y los juguetes han alcanzado esta forma de comercialización y acumulación llegando a niveles impensados.

La historia de los juguetes en nuestro país es muy interesante, cada objeto trae consigo un bagaje histórico y cultural; dice Daniela Pelegrinelli, autora del “Diccionario de Juguetes Argentinos” que “hablar de los niños y de sus juguetes implica aceptar que la cultura los moldea según costumbres, modos de pensar y de trabajar”. Los objetos del mercado y productos de una industria son por fieles a su época y la encarnan tal como es, con sus brillos y sus sombras. Para la autora, un juguete es una excusa para escribir, hacer amigos, pensar el mundo y tener una pasión. Un campo en el que uno se puede meter, como en la infancia y vivir parte de ese “juego de niños”. Será por eso que el coleccionismo de juguetes en argentina está tan extendido.

Los más buscados

En el mercado de compra, venta e intercambio la oferta es sumamente vasta. Hay juguetes de fabricación reciente, como los clásicos muñecos de starwars o los art-toys: juguetes “gourmet” de muy escasa tirada que sólo se consiguen en tiendas especializadas. En los clubes de coleccionistas se pueden encontrar lotes completos de juguetes relacionados con la compra de alimentos; como los de la “Cajita Feliz”, los “tazos”, las miniaturas de los chocolates Jack, o de los huevos Kinder Sorpresa.

En la Argentina, algunos de los clásicos más buscados son los juguetes de hojalata. Contamos con el famoso caso de los juguetes Matarazzo, que supieron ser los más baratos del mercado producto de la necesidad de sustituir las importaciones. O también los confeccionados por la fábrica Hojman, que originalmente fabricaba fuentones y supo cambiar de rubro dentro de la misma lógica.

Otro caso particular es el camión Duravit, de diseño exclusivamente argentino, único en el mundo de caucho vulcanizado que apareció en la década del ´60: época de las grandes obras viales. Y, en el campo de los juegos de mesa, nuestro mayor exponente es el Estanciero, una adaptación regional del Monopoly.

Las muñecas merecen un capítulo aparte, y sin duda nuestras abuelas recuerdan a Marilú, la reina de las muñecas de Buenos Aires, fabricada inicialmente en Alemania y promocionada a través de folletines con la Revista Billiken. En 1940 comenzó a fabricarse íntegramente en Argentina.

El universo del coleccionista de juguetes es capaz de reconstruir la historia de las infancias de una cultura.

 

Fuente: Ruibal

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